ETFs vs. Acciones: ¿Por qué no deberías buscar la próxima Apple?

Cuando nos pica el gusanillo de las finanzas y decidimos entrar en el mundo de la bolsa, lo primero que se nos viene a la cabeza es: «¿Qué empresa compro?». Vemos las noticias, vemos que Tesla sube, que Amazon no para, y pensamos que el truco está en acertar con la empresa ganadora.

Tengo una mala noticia: buscar la «aguja en el pajar» es muy difícil, incluso para los profesionales.

El peligro de poner todos los huevos en la misma cesta

Comprar acciones individuales tiene un riesgo enorme. Imagina que inviertes todos tus ahorros en una empresa tecnológica que te encanta. Mañana sale una noticia de un escándalo, o su nuevo producto fracasa, y la acción cae un 40%. Has perdido casi la mitad de tu dinero en un día. Eso duele, y mucho.

Aquí es donde entra la diversificación. Y la mejor herramienta para diversificar sin volverse loco son los ETFs (Fondos Cotizados).

¿Qué es un ETF y por qué nos gustan tanto?

Piensa en un ETF como si fuera una lista de reproducción de Spotify.

  • Comprar una acción es como comprar una sola canción. Si te aburres de ella o pasa de moda, malo.
  • Comprar un ETF es comprar la lista «Top 50 Global». Tienes un trocito de las 50 (o 500, o 3000) mejores canciones del momento.

Si una empresa del ETF quiebra, no pasa nada, porque tienes otras 499 que siguen tirando del carro. Tu riesgo baja drásticamente.

La estrategia ganadora para jóvenes

En lugar de jugar a ser adivinos intentando predecir qué empresa triunfará en 2030, lo más inteligente es «comprar el mercado entero». Un ETF que replique al S&P 500 (las 500 empresas más grandes de EE. UU.) o al MSCI World (el mundo entero) te garantiza que, si a la economía mundial le va bien, a ti te irá bien.

Es aburrido, sí. No darás el «pelotazo» en dos días. Pero es la forma más segura y consistente de crear patrimonio a largo plazo.

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